Pocos videojuegos consiguen hacerte vibrar y transmitirte pulsaciones y sentimientos humanos como lo hacen los trabajos de Relic Games. Una prueba fehaciente de ello es la más que notable segunda entrega de Company of Heroes que nos brinda la posibilidad de revivir la Segunda Guerra Mundial desde el punto de vista del Ejército Rojo y en los ojos y los relatos de un corresponsal de guerra, Vasili Grossman, cuyas crónicas para el diario Krásnaya Zvezdá (Estrella Roja) de las batallas de Moscú, Stalingrado,Kursk y Berlín forman parte del videojuego con diversas cinemáticas dotándolo, de esta forma, de una dosis de realismo necesaria y sobrecogedora. No en vano, su testimonio acerca de los campos de exterminio nazis, escrito tras la liberación de Treblinka, se encuentra entre los primeros documentos escritos acerca del Holocausto judío y fue utilizado como prueba en los juicios de Núremberg.
Una razón de peso que permite a Relic confeccionar alrededor de la figura de Grossman una historia hilvanada hasta el milímetro que, con crudeza y sin pocas concesiones al romanticismo, transmite las cruentas batallas que se libraron en el este de Europa para que Rusia reconquistase palmo a palmo su territorio a los alemanes y Hitler hasta llegar al epicentro de poder nazi, el Reichstag en Berlín, y ondear esa bandera -una de las imágenes que resumen este conflicto bélico- tras dejar en el camino y en las cunetas a miles y miles de vidas de camaradas rusos.
Para tan magna propuesta histórica y bélica, Relic plasma todo su buen hacer en un juego de estrategia en tiempo real (RTS) en el que, como ya sucediese en su primera parte, manejamos distintas tropas y escuadrones tanto de soldados como de tanques y vehículos militares. Y como suele ser habitual en el género, cada una de las unidades tendrá sus puntos fuertes y sus puntos flacos frente a otras lo que obliga al jugador a homogeneizar sus ejércitos para poder sortear todos los retos que plantea una campaña con 14 misiones y que, en dificultad media, no supone un gran reto para los expertos en el género. Eso sí, supera con creces las 15 horas de juego, todo un detalle si se tiene en cuenta que otras grandes superproducciones no alcanzan los dos dígitos. Es por ello que se recomienda jugarlo en el modo de dificultad más alto para obtener un verdadero reto.
La campaña es el principal atractivo de este RTS que, como es obvio, tampoco deja de lado su modo multijugador ofreciendo frenéticas batallas con otros jugadores. Pero la razón de ser de Company of Heroes 2, de ahora en adelante COH2, es hacernos disfrutar de la campaña rusa y del frío invierno. No en vano, la campaña, a diferencia de la primera parte, ofrece una gran variedad de escenarios que van desde los gélidos escenarios rusos pasando por la primavera polaca cargada de árboles y terrenos frondosos hasta míticas ciudades en ruinas como Stalingrado, Leningrado o Berlín. En ellas se conjugan las típicas misiones de defender una posición, otras de erradicar cualquier rastro de nazis, pasando por misiones de espionaje con unos pocos soldados hasta otras en las que el tiempo marca el ritmo para ir consiguiendo diferentes objetivos para alcanzar la victoria. Una victoria en la que no faltan misiones secundarias, aunque eso sí, muy peregrinas y de fácil resolución (limpiar el escenario de defensas antiaéreas o salvar a soldados prisioneros, por poner un ejemplo).
Una de las características que hace único y diferente a COH2 de otros RTS es que la progresión depende exclusivamente de ir ocupando terrenos -un guiño a Risk- con los que ganar recursos: gasolina o armamento. Son los dos elementos que nos permitirán solicitar la construcción de tanques o soldados experimentados. Esto nos lleva a estar en constante tensión por proteger los terrenos ocupados para ir avanzando y ganando recursos para terminar doblegando a los ejércitos alemanes. El gran hándicap es que, en salvadas excepciones, no tendremos que preocuparnos de construir una base como en otros RTS si no que nos limitaremos a gestionar nuestras unidades y combatir. Algo que defraudará a los más puristas del género.
Esa dinámica de juego, que es un copia exacta de lo que ofrecía el original, se ve enriquecida con la posibilidad de solicitar ciertas ventajas en el campo de batalla como ataques aéreos, bombardeos, tropas de refuerzo, etc, lo que exponenciona su vertiente estratégica y añade nuevos elementos con los que doblegar a los nazis. Una sensación que se refuerza con el hecho de nuestros soldados y vehículos militares, a medida que vayan conquistando territorios y eliminando enemigos irán ganando experiencia, lo que nos llevará (o mejor obligará) a mimar y sopesar muy bien el uso que hacemos de sus servicios para no perderlos tontamente en el campo de batalla.
En este sentido, todas las unidades ganarán hasta un máximo de tres estrellas que les proporcionarán más vida, mejor puntería, más daño o mayor velocidad en el campo de batalla, entre otras virtudes. Cada una de esas estrellas proporcionará un bonus consiguiendo así que cuando tengamos un ejército experimentado tengamos la sensación de contar con un grupo de super héroes casi invencible.
Las mecánicas de juego en COH2 están muy estandarizadas desde la aparición hace ya décadas de los primeros Command & Conquer. Y es que en esta ocasión, básicamente en eso consistirá el manejo. Seleccionar unidades con un tecla del ratón y con otra clicar para atacar o elegir dónde nos movemos, o si ejecutamos habilidades especiales de cada una de nuestras unidades (los francotiradores podrán afinar su puntería, los soldados lanzar bombas de gas o granadas y los tanques autorepararse o inmovilizar a otras unidades, por poner un ejemplo).
Este es quizás uno de los puntos negativos de COH2. No innova en exceso y aunque propone una amplia variedad de formas de atajar una misión debido a la inmensa cantidad de unidades (eso sí, todas terrestres) hay veces en las que da la sensación de estar jugando al primer COH u otros RTS bélicos.
En lo que sí deslumbra COH2 es en su apartado gráfico. Es literalmente soberbio. Cuenta con unas texturas muy detalladas y una carga poligonal grandísima, detalles ambos que permiten disfrutar de un espectáculo visual solo a la altura de shooters como Crysis 3 (salvando las distancias). Un hecho que, por otro lado, precisa de una buen PC para correrlo a tope. En el caso del que suscribe las líneas, con un i5 3570k a 4,6 Ghz y una Nvidia GTX 780 he podido hacerlo sin bajar en ningún momento de los ansiados 60FPS en un monitor ultrapanorámico de 29 pulgadas (2560×1080 de resolución). En cualquier caso, cuenta con un gran número de opciones gráficas que permiten correr el juego de forma totalmente fluida en configuraciones más modestas.
Otro apartado reseñable de este RTS es el perfecto doblaje al español, tanto textos como audio, y la banda sonora que le acompaña, con piezas cargadas de dramatismo que varían en función de si estamos entablando combate o no. Un diez en ese sentido.
También son dignas de mención las cinemáticas que introducen y finalizan cada una de las misiones. A pesar de no estar al nivel de las que elabora Blizzard, gozan también de un gran realismo ya que corren con el propio motor gráfico del juego y ayudan en gran medida a mantener esa sensación de inmersión que todo juego bélico que se precie debe de realizar.
En definitiva, COH2 es a todas luces una compra obligada tanto si eres amante de los RTS como si no. Ofrece suficientes razones de peso como para dudar un instante si colmará nuestros deseos de diversión. Ofrece acción, estrategia, emoción y, sobre todo mucha mucha diversión. Todo ello bajo el sello de Relic y con un motor gráfico que quita el hipo aderezado de un doblaje soberbio y una banda sonora de notable calidad. ¿A qué esperas a unirte a la causa camarada? El Ejército Rojo no te defraudará…





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