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Opinión. Xbox One como un guión de Los Simpsons

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Opinión. Xbox One como un guión de Los Simpsons

Una de las costumbres más sanas de muchos de los españoles es ver mientras almuerzas los dos capítulos diarios de Los Simpsons. Un servidor no falta a la cita habitualmente desde hace 20 años a pesar de la triste emisión de Antena 3 que no sigue ningún orden y repite al azar los capítulos. Recientemente disfrutaba de un capítulo nuevo para mí, en él la familia Simpsons acudía al estreno de un sucedáneo del Episodio I de Star Wars pero tras un arranque centrado en la ira que despierta la película en todo Sprinfield, el capítulo termina contando una historia divertida de alcoholismo de Marge y Homer. Estos giros de guión en la serie de Matt Groening son muy habituales y me hizo replantear un símil con Xbox One desde su presentación hasta el día de hoy.

Nos tenemos que retrasar hasta hace más de un año, 21 de mayo de 2013 en Redmond se presentaba la nueva consola de Microsoft tras el primer paso dado por Sony unos meses antes en Nueva York con PlayStation 4. Como maestro de ceremonias estaba Don Mattrick, el “padre” de la máquina y al cual los acontecimientos posteriores terminaron enviando a un retiro muy bien pagado en Zinga.

Xbox One Reveal Event - 02

En aquel momento se presentaba una consola muy ambiciosa, que apostaba por un futuro donde la nube y la conexión eran pieza fundamental. Uno de los requerimientos básicos de la consola era la conexión permanente a internet, con comprobaciones constantes que evitaban que la consola funcionase si está no estaba conectada a la nube. Aquí llegó la primera discordia con los usuarios que se abalanzaron para defender el uso de la consola en sitios donde la conexión no fuera posible. Una contradicción como otra ya que a día de hoy es muy raro no tener tú consola conectada constantemente y en el caso de un posible viaje el uso de WIFI o incluso utilizar tu smartphone como router portátil es más que viable.

El segundo punto polémico fue el de la segunda mano, Microsoft apostaba por un sistema único de compra-venta controlado por la compañía. En dicho sistema sólo podías vender o comprar el juego reutilizado por unos varemos que ellos delimitaban, tal vez la falta de una explicación clara de cómo funcionaría hizo parecer un imposición más que una facilidad.

Por tercero se apostaba firmemente por Kinect, un sistema que había dado sus primeros pasos en Xbox 360 y que siempre había estado en boca de todos las diferencias de lo prometido y lo conseguido hasta la fecha. Esta decisión hacía del dispositivo un imprescindible para la consola, llegando a ser indivisibles ambos y la pieza fundamental del funcionamiento de la misma. Todo hacía presagiar que esta apuesta haría que por fin las desarrolladoras se tomaran en serio a Kinect y lo aplicaran de una manera útil en sus juegos.

Además se hizo mucho hincapié en el alto contenido multimedia de la consola, una idea por la cual Microsoft pretendía hacer de Xbox One el centro del salón. Muchos fueron los vídeos haciendo mofa con las repetidas veces que se mencionaron palabras como TV o Movie en la conferencia.

Tras este Reveal quedaba un mes hasta el E3, durante ese periodo la red se llenó de quejas constantes sobre estos imperativos. Llegó la presentación y no se movió un ápice de lo mostrado en Redmond, añadiendo el precio final de la consola por 499$ con Kinect incluido. A priori no parecía un precio muy desajustado al mercado hasta que unas horas más tardes llegaba Sony señalando PlayStation 4 a 399$ y dando la opción de conseguir la nueva PlayStation Camera por separado.

A pesar de mostrar un catálogo más que digno para el lanzamiento de la consola, las críticas continuaron creciendo acompañadas de unas bajas reservas de la consola que palidecían mucho ante la avalancha de peticiones por la de la competencia. Fue entonces donde llegó tal vez el mayor error de la compañía en un desconcierto de declaraciones de diferentes altos cargos que se contradecían los unos a los otros. Para colmo afirmaciones desafortunadas como las de Don Mattrick asegurando que para aquellos que no tuvieran conexión a internet siempre podían optar por una Xbox 360 no ayudaron a las buenas intenciones de un servicio por el cual compartías tu biblioteca de juegos con 10 amigos/familiares.

Tras esta pequeña debacle llegó el primer volantazo que me recuerda tanto a los capítulos de Los Simpson antes mencionados. Microsoft anunciaba la retirada de la conexión permanente, la libertad para seguir vendiendo y comprando juegos de segunda mano como hasta ahora e “invitaba” a Don Mattrick a retirarse de la compañía. Xbox One se quedaba “huérfana” y la restructuración comenzaba en la cúpula encargada de la división de videojuegos de Microsoft.

A pesar de un muy buen arranque en ventas y unas críticas más que positivas a la consola, seguían llegando peticiones de usuarios para una pack sin Kinect que igualara el precio con la inmediata competidora. La postura por parte de la compañía era firme asegurando por activa y por pasiva que el dispositivo era innegociable e inseparable de la consola. En el aire siempre se olía la posibilidad en un futuro tal vez más lejano de dicha rebaja y separación de componentes.

El siguiente traspié llegaría con la salida de los juegos multiplataformas que evidenciaban las mínimas carencias técnicas ante su competidora. Fue entonces cuando los usuarios empezaron a usar un ojo clínico no visto hasta entonces para contar píxeles y frames. Las diferencias entre las versiones a 1080p o 900/720p de PlayStation 4 y Xbox One parecían hacer escarnio público de la debilidad de la consola.  Ciertamente se trataba de una razón como cualquier otra para llenar las redes sociales y publicaciones web de miles de fotos y vídeos donde los más radicales de una marca u otra defendían su compra. Realmente asombros como algo tan minio que solo es realmente comprobable con pantallas de más de 40” podía hacer palidecer tanto un producto. Más teniendo en cuenta que lo exigible en esta nueva generación debería ser que ambas reprodujeran los juegos a 1080p y 60fps, y rara vez lo consiguen ninguna de las dos.

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Pero llegó marzo y se avecinaba el gran lanzamiento de la consola, Titanfall hacía acto de presencia con la esperanza de vender consolas por doquier. Por entonces la diferencia comenzaba a ser grande, aunque el parque de Xbox One era bastante considerable para el tiempo desde su lanzamiento. El “exclusivo” llegaba para rescatar a Xbox One, pero en una estrategia extraña también se lanzaba en PC y posteriormente en Xbox 360 lo cual no consiguió el efecto esperado. El repunte fue considerable pero la competencia seguía acumulando unas ventas mayores, y el NPD de abril mostró una diferencia de algo más de 2 millones de consolas acelerando el movimiento que todos esperaban y Microsoft negaba: Kinect desaparecía de la ecuación y la consola se venderá a partir del 9 de junio por 399$ igualando el precio con PlayStation 4.

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Una de las grandes decisiones de Phill Spencer, quien cogiera las riendas de la división, dejaba con el culo al aire a muchos PR de la compañía y terminaba por enterrar toda idea primigenia de Don Mattrick. El directivo que parece haber encaminado el futuro de la consola más hacia la parte jugable obviando el alto componente multimedia, adoptaba una decisión polémica. Los usuarios que hasta ahora no habían comprado la consola celebraban el nuevo pack mientras los fieles que desde el Day One apoyaron el proyecto recriminaban con la boca pequeña el gesto. Estos últimos reclamaban una compensación por tal “traición”, a la cual la compañía da la espalda asegurando que el premio está en poseer Kinect a un precio menor del que tendrá a partir de ahora. Para muchos es una puñalada a la confianza de los más de 4 millones de usuarios, para otros es una decisión empresarial lógica. Para las desarrolladoras que no tenían intención de trabajar con el dispositivo una liberación, para los estudios que se encontraban creando juegos basados en él un marrón. Pero lo cierto es que a día de hoy la credibilidad de Microsoft está más tocada que nunca y todo por unas cifras que no entienden de proyectos a largo plazo. Y como diría el Cholo: hay que ir partido a partido, y el próximo es el E3 donde un golpe encima de la mesa con juegos puede cambiarlo todo.

Como un buen capítulo de Los Simpsons, Xbox One ha sufrido un giro repentino de guión… ¿será el último?.

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