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Análisis. Diablo 3

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Análisis. Diablo 3

En mayo del año pasado, los aficionados a los videojuegos asistíamos al lanzamiento de uno de esos juegos, por el que llevábamos esperando mucho (o tal vez demasiado) tiempo. Uno de esos juegos que a lo largo de 17 años de historia, ha perdurado en la mente y corazón de millones de jugadores. Y que decir Diablo, es hablar de una de una saga legendaria (exclusiva de PC) y que si ya con su primera entrega inauguró un género, y con su segunda consiguió un éxito inigualable y un reconocimiento de obra maestra, con su esperada tercera entrega, venía a rellenar ese hueco que después de 12 años, había quedado huérfano. Y es que el lanzamiento de Diablo 3 acarreó ventas millonarias, comunidades ingentes de jugadores, polémicas desde su primer día (recordemos la conexión permanente y la dificultad para conectarse para jugar), amén de un sinfín de récords batidos en el mundo del juego en compatibles. Todo esto ya es de sobra conocido por todos, incluso las voces que se levantaron tras su lanzamiento, demandando que un juego como este quedaría que ni pintando si se adaptara a consolas. Blizzard en un principio tenía reticencias a tal empresa (recordemos que la compañía sólo ha publicado juegos contados en estas plataformas, siendo el primer Diablo de PSX el más conocido), pero a través de diversas publicaciones, ya daban pistas de que tarde o temprano, Diablo 3 se adaptaría a las consolas de sobremesa. Bien, llegó el tan esperado evento de Sony de hace unos meses, donde se desvelaría entre otras cosas PS4. No se especulaba con la idea de que en ese evento, finalmente ocurriera lo que finalmente ocurrió: A través de uno de los directivos de Blizzard, finalmente se anunció que Diablo 3 se lanzaría en exclusiva para PS3 y PS4; Blizzard había vuelto a las consolas. Unas semanas más tarde, la compañía anuncio que el juego también seria lanzado para Xbox 360, dando por fin forma al sueño de los usuarios de consola de poder jugar a uno de los juegos exclusivos de PC más queridos.

Y por fin la tenemos aquí. Blizzard ha adaptado uno de sus juegos más populares de PC a consola, añadiendo muchas cosas, pero también quitando algunas, lo cual puede ser bueno o malo, dependiendo de donde venga el jugador. De una u otra forma, estamos ante el mejor Hack n´Slash de esta generación y un juego imprescindible. Veamos por qué…

Para los que ya conozcáis la saga (así como los que hayáis jugado a la versión de PC), comentar el argumento del juego puede ser algo innecesario. Tampoco es que la saga se caracterice por una historia potente, llena de giros y espectaculares situaciones. Pero para todos aquellos que seáis noveles en la saga, y a modo de resumen rápido, os podemos contar por encima algo para abrir boca. Diablo 3 se desarrolla en Santuario (el universo del juego), donde en anteriores entregas guerreros venidos de diversos lugares hicieron frente al mismísimo diablo, que había devastado esa tierra en su afán de llenarla de todo el mal posible. Pero como casi siempre, algo no ha quedado del todo cerrado, y el señor del infierno vuelve para intentar de nuevo llenar al mundo de sombras… A grandes rasgos este es el argumento de Diablo 3. No profundizaremos más para que seáis vosotros los que vayáis desgranando la historia del título.

Diablo 3 es un mata mata, un Hack n´slash puro. Deberemos explorar un vasto mundo, matando a todo los que se nos ponga en medio, cumpliendo misiones principales y secundarias, mientras que ganamos experiencia, conseguimos armas, armaduras, y diversos items, subimos de nivel, y mejoramos todo lo que está en nuestra mano. Como es de recibo, todo esto se vuelve mucho más profundo, pero a grandes rasgos, si no conocéis la saga (que deberíais), este es el estilo de juego de la obra de Blizzard. Podríamos meternos a analizar en profundidad elementos del juego, pero sería ya alargarnos demasiado, teniendo en cuenta de que es mejor que lo descubráis por vosotros mismos. ¿Y cómo se juega a diablo 3 en consola?. Para entender esto, primero hay que recordar la manera en la que se juega en PC. Sabemos que en PC, con apenas dos botones del ratón y cuatro teclas, ya podemos jugar a este juego. Obviamente la cosa se vuelve mucho más profunda según avanzamos, pero la sencillez ya es marca de la casa. Ahora bien, adaptar esto a un mando de consola no es tarea fácil, pero Blizzard lo ha conseguido implementar bastante bien.

Para movernos utilizaremos el stick analógico izquierdo, dejando el derecho para las evasiones o esquivas. Siguiendo por orden, la cruceta digital está dispuesta para mostrarnos el mapa, invocar portales, o mostrarnos información diversa en el multijugador. Los cuatro botones principales del pad, están destinados a las distintas habilidades de nuestro personaje, añadiendo aparte los gatillos superior e inferior derecho también a tal fin. Los gatillos izquierdos quedan para la utilización de pociones de salud y el bloqueo al enemigo. Francamente mejor disposición de botones no se podía haber hecho. Todo queda perfectamente localizado y es fácil acostumbrarse. Otros cambios que se han realizado para esta adaptación a consolas, lo encontramos en los menús e interfaces. Ahora todo esta mucho mas centralizado en menús radiales vistos en otros juegos. Son fácilmente accesibles (pulsando select) y todo está predispuesto para que con el mando de nuestra consola seleccionemos fácil y rápidamente lo que queremos. También se ha modificado el HUD en pantalla, dejando en la esquina inferior izquierda de la pantalla, la rediseñada barra de vida, barra de habilidades, etc. El minimapa quedara en la parte inferior derecha, dejando libres las demás esquinas a fin de tener espacio para más jugadores en la partida.

También ha cambiado el enfoque multijugador que tenía el juego en PC. Si en compatibles, teníamos que estar conectados para jugar, en esta versión no solo no es necesario, sino que además, no hará falta conectarse para disfrutar el multijugador, ya que en un movimiento acertado, podremos jugar hasta 4 jugadores en la misma consola. Sin duda alguna algo para elogiar, ante la falta de juego local existente en la mayoría de títulos del mercado. Obviamente también podremos jugar online si así lo consideramos. Tal vez, los más puristas encuentren razones para pensar que Blizzard ha “casualizado” el titulo para adaptarlo a consolas, pero en realidad lo ha hecho tan bien, que lo único que difiere de la versión de PC son nimiedades comparadas con lo que ofrece el título.

A nivel técnico, esta versión sigue siendo igual de potente que en PC. En compatibles no es que fuera la bomba gráficamente, pero el diseño artístico, efectos, texturas y demás era digno de admirar. En consolas se mantiene la tónica en este apartado, con un muy buen nivel gráfico, aunque de vez en cuando se observan texturas de resolución más baja de lo normal. Durante las partidas, no hemos apreciado bajada alguna de framerate, y eso es de alabar sabiendo la cantidad de elementos que puede aparecer en pantalla. El juego realmente corre a 30 fps, pero da la sensación de ir a más debido a la gran fluidez de movimientos y efectos en el juego. Traducido y doblado al castellano excelentemente, y lleno de melodías épicas (y alguna conocida de la saga), el juego cumple también muy bien en este apartado.

En definitiva, estamos ante una conversión a consolas, no perfecta, pero excelentemente bien adaptada del clásico de PC de Blizzard. La compañía de Irvine ha sabido adaptar de cero toda la jugabilidad de la tercera entrega de su saga más conocida a un mando de consola añadiendo elementos o eliminándolos de manera acertada para que la experiencia fuera perfecta. Por supuesto que tiene fallos como todo título, y no reinventa la rueda, pero como Hack n Slash, estamos ante el mejor juego del género, tanto en PC como en consola. Durante días, semanas, meses y quién sabe si años, Diablo 3 se convertirá en el pan de cada día de todo jugón que se precie. Las puertas del infierno se acaban de abrir…

VALORACIÓN: 9.0

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