Bioshock. Con sólo pronunciarlo se producen un cúmulo de sensaciones. Su primera entrega surgió, no como la obra maestra que finalmente fue, sino como un juego de los del montón; un shooter normal y corriente. Tras un primer retraso (el lanzamiento estaba pensado para primavera de 2007), el juego se lanzó en el verano de ese año cautivando a prensa y publico. Ambientación, historia, jugabilidad profunda, sin monotonía alguna, técnicamente perfecto… Una obra maestra. Dos años después, nos llegaba su segunda parte, cambiando radicalmente de registro (que no de genero) para seguir disfrutando del universo creado por Ken Levine e Irrational Games. Tras estas dos iteraciones de un universo basto e irrepetible, Irrational Games decidió no continuar con la historia de Rapture y anuncio que el nuevo Bioshock se desarrollaría en otro universo radicalmente distinto. Pues bien, tras una larga espera con varios retrasos, llega por fin Bioshock Infinite, dispuesto a superar a sus predecesores y volver a enamorarnos. Columbia nos espera…
“Tráenos a la chica, y saldarás tu deuda”. Booker Dewitt, un antiguo oficial del Séptimo de caballería, reconvertido en detective privado de la prestigiosa agencia Pinkerton, sumido en una espiral de deudas por el juego… Con este historial, Dewitt no se lo piensa a la hora de aceptar el caso de su vida: Traer de vuelta a una misteriosa chica que se encuentra cautiva en una misteriosa ciudad que no aparece en ningún mapa ni se tiene registro de ella: Columbia, una urbe flotante, antaño creada como atracción de la exposición mundial de Nankin en China. Así pues, emprendemos el viaje a esta ciudad en la que todo no es lo que parece; en la que todo no es tan bonito como lo pinta; en la que la que vamos a vivir la aventura de nuestra vida…
Para empezar de modo directo, Bioshock Infinite es un shooter en primera persona al uso, pero sin tanta acción frenética como los típicos juegos anuales en los que todo consiste en disparar. Por supuesto, y como es seña de identidad de la saga, dispondremos de esos poderes de los que disponíamos en los anteriores juegos, llamados plasmidos en las primera parte, y aquí llamados Vigores, los cuales podemos mejorar junto a la salud, escudo y la sales. Un total de ocho, que se diferencian totalmente entre si, pero con el denominador común de que nos dan una gran ventaja sobre los enemigos que nos aguardan. Deberemos combinarlos con un arsenal de armas bastante común, (y algo escaso) para hacer frente a todo el bestiario, totalmente distinto de las anteriores entregas con enemigos diferenciados entre si, aunque comparables con los que aparecían en las anteriores entregas. Huelga decir que el combate se ha vuelto mas difícil, mas profundo que en los otros Bioshock. No es tanto el numero de enemigos, sino la forma en la que te enfrentas a ellos. Todo esto dependería de las anteriormente mencionadas combinaciones entre vigores y armas, pero hay un elemento que lo hace todo mas dinámico y divertido: el Skyhook y los raíles que se usan para desplazarse por Columbia. Y es que estos raíles ademas de para desplazarse, también se usan para combatir contra los enemigos, añadiéndole un tema semiestratégico a la hora de valorar la situación del combate. Sin duda alguna, el elemento mas divertido del juego a la hora de combatir.
Pero el elemento que sobresale sin duda alguna en el juego, es Elisabeth. Podemos (y lo haremos) hablar de su genial apartado técnico, su historia, su jugabilidad, pero la auténtica protagonista del juego es ella. Nunca hemos visto una I.A tan completa como la que tiene Elisabeth. No sólo es el comportamiento que tiene fuera de los combates, donde te habla, donde te sigue, donde reacciona a lo que hace; cuando estamos en combate, es cuando entra en escena la verdadera Elisabeth, proporcionándonos armas y munición, enviándonos botiquines, lanzándonos todo tipo de items que nosotros no vemos… Una maravilla. Es mas, sin ella, el juego en si no tendría sentido. Todo se cimienta en la relación que tenemos con ella y como reaccionamos a eso.
En términos técnicos, Bioshock Infinite es una maravilla. El Unreal Engine 3 vuelve a estirarse al máximo para conseguir crear un mundo y unos personajes antes nunca vistos. Columbia es una ciudad llena de vida, de colores alegres y modelados bien hechos. Si en los anteriores juegos de la saga, todo estaba muy apagado, aquí todo es diametralmente opuesto. No es que este exento de los típicos fallos del famoso motor, pero se nota que Irrational Games, se ha dejado la piel en poner encima de la mesa un apartado técnico de lo mejor de la generación. Podíamos entrar en detalles, pero os recomendamos verlo por vosotros mismos. En el apartado sonoro, el perfecto doblaje al castellano es lo primero que se puede comentar, seguido por una aplastante ambientación musical que sumerge al jugador en la época en la que se centra el juego.
Poco queda más que decir de Bioshock Infinite. Es un juego prácticamente redondo, sin fallos visibles. Obviamente no se le puede culpar por no tener multijugador, pero sinceramente no le hace falta. Tal vez algunas cosas que se pudieron ver antes de la salida del juego, y que se han recortado, podrían manchar algo el impecable expediente de esta obra “casi maestra”. Es uno de los juegos de la generación sin duda alguna, y un cierre de oro de la franquicia. Pocas veces se puede decir que un juego cumple las expectativas, y Bioshock Infinite no es que las cumpla, las sobrepasa. Ya estas tardando en irte a la tienda y comprarlo…



