Assassin’s Creed se ha ganado muchas cosas por mérito propio. Se ha convertido en una saga clásica, con entrega anual demandada y obligada. Se ha instalado en nuestras consolas desde hace más de siete años. Nos ha llevado a través de muchos de los eventos principales de la humanidad, y nos ha enseñado que a veces un asesino puede ser el bueno de la película.
Pero también se ha ganado la desconfianza y el recelo de gran parte de la comunidad. La salida al mercado, especialmente en los últimos años, de juegos que siendo benévolos estaban mal terminados ha generado un clima que hace que la llegada de cada nuevo asesino sea vista a partes iguales con ilusión y recelo. Assassin’s Creed: Unity lo deja claro en el título. Quiere unir a los jugadores, y a fe que lo va a conseguir. Si en la zona verde o en la roja, lo vamos a ver enseguida.
Antes de que sigas leyendo, déjame decirte que a mi me está gustando. En las horas que llevo jugadas para hacer este análisis, he descubierto muchas virtudes en un juego que puede parecer sobreexplotado. En su estreno en la next-gen es una delicia saltar de tejado en tejado y observar como la ciudad está viva bajo tus pies. Hay más habitantes que nunca, estos hacen su vida ignorándote y convierten nuestro escenario en un sitio donde podríamos pasar unas vacaciones. Y es que París, bien vale un asesino.

Porque Assassin’s Creed: Unity nos lleva esta vez, de la mano de Ubisoft, a la ciudad más visitada del planeta. La ciudad de la luz, pero en una época anterior a que las luces bañasen toda París. Justo en la época en la que Francia se ganó el respeto del mundo. Justo cuando nos enseñó que el soberano es el pueblo, y que sus dirigentes deben estar al servicio de los ciudadanos, y no al revés. Y el protagonista de nuestra historia, un joven con coleta y barba de tres días, y no hablamos del líder de Podemos, nos recuerda que Libertad, Igualdad y Fraternidad no deben ser palabras de significado inocuo.
Aunque antes de eso seremos testigos de algunos acontecimientos que marcarán el rumbo de la historia en Assassin´s Creed: Unity, el juego comienza con la famosa toma de la Bastilla. Un comienzo prometedor, de todas todas, que nos hace albergar la esperanza de que el juego nos de una verdadera lección de historia tal y como nos tiene acostumbrados. Queremos tener la sensación de que somos protagonistas de algunos de los acontecimientos más relevantes en la formación de Europa, y nos hace creer que así será desde el primer momento. Es una pena que esa sensación se diluya con el paso de los minutos. Ubisoft ha desaprovechado una oportunidad única en el mundo de los videojuegos, y es algo que se hace difícil de perdonar. Porque uno de los mayores pecados de este juego es que pasa de puntillas por tamaña época. Sabemos lo que está pasando porque nos lo cuentan, y porque los que hemos terminado la EGB lo hemos estudidado en el colegio. Pero salvo pequeñas reyertas que solucionaremos, bien podríamos estar en el Londres victoriano que no habría diferencia. Apenas se aprovecha de la cantidad de personajes históricos de la época, como si se ha hecho en otras entregas de la saga. Un error que lastra la jugabilidad, por otro lado muy buena, de un título que se acaba quedando a medias.en casi todo lo que intenta.

Y los bugs. Si el pasar de puntillas por esa época es uno de los pecados de Assassin’s Creed Unity, el otro gran defecto son sus fallos de programación. Estos días te vas a hartar a ver gifs, memes y vídeos con los cientos de hilarantes y espectaculares bugs gráficos y jugables de un título que no debería en ningún caso llegar así a las estanterías de las tiendas. Es posible que para cuando te hayas decidido a hacerte con él ya hayan salido media docena de parches que vayan poco a poco solucionando el desaguisado, pero me niego a aceptar un hecho, que por habitual no deja de ser irritante.
Pero he empezado diciendo que el juego me está gustando, así que llegados a este punto, te estarás qué es lo que le he visto de bueno. Déjame que te lo cuente.
En primer lugar, el escenario elegido no podía ser mejor. Aunque como ya he dicho se podría haber aprovechado mejor el fantástico contexto histórico, de saltar de tejado en tejado por la ciudad de París. Tanto si tienes la suerte de haberla visitado en la vida real como si no, admirar los monumentos clásicos como El Palacio de los Inválidos, Las Tullerías, Versalles o por supuesto la majestuosa Notre Dame, es una verdadera delicia. El detalle que los chicos de Ubisoft han puesto en recrear tan maravillosas obras de ingeniería, es casi un valor en si mismo. Algo que te impedirá arrepentirte por haberte dejado los euros en este juego. Pero no es su único valor.

Si antes me quejaba amargamente de la escasez de momentos históricos en la trama principal, eso se ve bastante paliado con las misiones secundarias. En ellas ayudaremos a personajes históricos reales en sus requerimientos. Por ejemplo, habremos de ayudar a Marie Grosholtz, más conocida como Marie Tussaud, una escultora que debido a su carácter revolucionario fue detenida durante el Reinado del Terror y preparada para ser guillotinada. Por poco la revolución nos deja sin el museo Madame Tussauds de Londres o Ámsterdam, y sin esas impresionantes figuras de cera. En nuestros encargos conoceremos mejor a esta dama, y si has estado en alguno de sus museos, casi te sientes en deuda para ayudar a Marie. Si no lo has hecho, sólo por el placer de alargar el juego y hacer saltar ese logro también merece la pena.
La parte técnica del juego se ve enormemente ensombrecida por esos fallos imperdonables en el motor del juego, pero si somos capaces de abstraernos, veremos que es un juego divertido, con unos combates algo más complicados de controlar que en anteriores entregas. Es más exigente que sus predecesores en este sentido, especialmente hasta que nuestro personaje desarrolla sus habilidades y tiene acceso a mejores armas. Porque el componente rolero en este Assassin’s Creed está más presente que nunca. Ya no desbloqueamos habilidades a medida que avanzamos en la historia, si no que aunque sigue siendo obligatorio esto para tener acceso a esas habilidades, elegiremos en cuales de ellas invertir nuestros puntos de habilidad.
El asesinato con salto, el asesinato doble, las bombas de humo y otras habilidades que tan útiles nos han sido en anteriores entregas, son ahora una decisión personal que convertirán la experiencia de juego en algo más personalizado que nunca.

Me hubiera gustado mucho hablar de las bondades del modo online, según promesa de sus desarrolladores, el punto fuerte de esta entrega y algo que prolongará la vida del juego hasta límites desconocidos hasta ahora. Pero no es posible. Confieso que a día de hoy, pasar una tarde de domingo intentando conectar con tus amigos para, después de más de dos horas, terminar con el triste bagaje de una misión terminada, se convierte en algo frustrante. No tengo ninguna duda de que los problemas de servidores se solucionarán pronto, ya que si algo caracteriza a Ubisoft es su máximo empeño en que la experiencia jugable sea la mejor posible.
Assassin’s Creed: Unity es en conjunto un gran juego. Está a la altura de su historia, que no es poco. A poco que te guste la saga te va a divertir, te va a aportar muchas horas de diversión en un entorno inigualable. Su historia flojea, pero se ve reforzada por las misiones de ayuda a personajes históricos, por la resolución de asesinatos al más puro estilo Sherlock Holmes, y por otros encargos de Nostradamus que nos harán explorar París de forma que jamás volveremos a hacer. Además, como regalo adicional, y si la memoria no me falla, es la primera vez que el juego nos lleva a una época diferente (sin contar la actual) y que nos permitirá admirar durante algunas fases del juego otros monumentos más clásicos de París, como la Estatua de la Libertad o la Torre Eiffel. Todo ello hace que aunque el apartado técnico denote más prisa por hacer caja que esmero en terminar, estemos ante uno de los grandes juegos del año, que dejará a sus admiradores igual de satisfechos que motivos dará a sus detractores para seguir haciendo sangre.