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Análisis. Rise of the Tomb Raider

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Análisis. Rise of the Tomb Raider

A principios de 2013 se produjo el regreso de una de las sagas más importantes del mundo de los videojuegos de la mano de Crystal Dynamics. El reboot de Tomb Raider era toda una realidad, tomando todos aquellos elementos que hicieron grande a la franquicia y por otro lado, añadiendo otros más innovadores acordes a nuestros tiempos. Ahora y unos tres años después, el estudio lanza una secuela que se construye sobre todo lo ya asentado en el primer juego.

Rise of the Tomb Raider situará a Lara Croft en la búsqueda de la clave de la vida eterna, que en este caso lleva el nombre de Fuente Divina, un artefacto místico y ancestral que podría terminar con el sufrimiento y la muerte de toda la humanidad. Como os podéis imaginar, nuestra arqueóloga favorita no será la única detrás de la Fuente, sino que deberá combatir contra La Trinidad, una secta milenaria liderada por el malvado Konstantin. En medio de esta lucha encontraremos a los nativos de Siberia, el escenario del juego, que intentarán proteger a toda costa la paz y los secretos de sus ancestros.

Pese a que este tipo de historia ya ha sido contada en infinidad de ocasiones, Tomb Raider le imprime su propio sello y esencia enfocándose en los personajes principales y sus motivaciones. Crystal Dynamics, con un buen ritmo narrativo, que no abusa de las escenas pregrabadas, construye un relato sencillo pero atractivo, que no nos abrumará con detalles si no queremos saber más a menos que recolectemos documentos o grabaciones recolectables.

Si hablamos de Lara, desde un primer momento se puede apreciar que ya no es aquella joven inexperta, frágil y un poco inocente de la primera entrega. Ahora se ha convertido en una chica segura, testaruda y con nuevas habilidades que desplegar, sintiéndose ahora como un personaje más real. Ahora hay una coherencia entre el desarrollo de la protagonista y las acciones del juego, a diferencia del primer juego, como cuando Lara llora por matar a un ciervo y horas más tarde aniquila por completo a un ejército de mercenarios.

Esta coherencia que hablamos viene acompañada de un mejor ritmo de juego y una progresión más ajustada con unos segmentos de acción y exploración mejor equilibrados, en gran medida por las opciones disponibles y la densidad de los escenarios. El enorme mapa de Siberia está compuestos por varias zonas abiertas conectadas de forma orgánica, dentro de las cuales encontraremos objetos coleccionables, misiones secundarias y las atractivas tumbas.

En esta ocasión, contaremos con nueve tumbas opcionales, cada una con un mecanismo diferente y pese a que resultan un tanto sencillas, son entretenidas de resolver, impactantes desde lo visual y ofrecen como recompensa una habilidad milenaria.

Y esto amigos míos es uno de los puntos más fuertes de Tomb Raider: los elementos opcionales tiene una incidencia real en el desarrollo del personaje. Los murales, por ejemplo, mejoran la traducción de idiomas, que a su vez, nos permiten leer monolitos, los cuales revelan la ubicación de objetos escondidos. Las misiones secundarias, por su parte, son la única forma de acceder a ciertos elementos, como la ganzúa, que nos permitirá abrir baúles que contienen partes de armas que de otra manera no podríamos conseguir. La exploración es una parte fundamental del juego, pero que se retroalimenta con el resto de las mecánicas.

Sin embargo, la recolección se volverá algo repetitiva a las pocas horas de juego. Las pieles de animales, plumas, ramas, hongos, minerales y hojas son algunos de los elementos necesarios para fabricar flechas especiales (de tres tipos diferentes), curaciones y estuches para cargadores. Pero, por lo menos en la dificultad normal, nunca necesitamos recolectar más que lo que nos íbamos cruzando mientras avanzábamos, porque se encontraba materia prima de sobra para fabricar todo lo que se necesitara.

Lara podrá gastar los puntos de habilidad que haya ganando consiguiendo experiencia en tres categorías de habilidad distintas. En la primera, Matona, mejorará su destreza en los enfrentamientos cuerpo a cuerpo. Por ejemplo, podrá fortalecerse para que los impactos de bala o las explosiones le causen menos daño, aumentar su resistencia o aprender movimientos nuevos.

En la segunda categoría, Cazadora, podrá mejorar sus ataques a distancia o con el arco. De esta forma será más efectiva cuando actúe con sigilo, haciendo que los enemigos tarden más en detectarla o que pueda acabar con más de uno a la vez utilizando un arco compuesto. En la tercera categoría, Superviviente, Lara podrá mejorar sus habilidades relacionadas con la recogida de munición, armas y equipo, o potenciar su percepción para detectar más elementos útiles durante la exploración.

Algo que nos ha gustado mucho ha sido que el combate se ve favorecido por la menor cantidad de enfrentamientos directos y ofrece mayor variedad de opciones. A diferencia de su predecesor, en Rise of the Tomb Raider el sigilo es una posibilidad real, aunque naturalmente más complicada de ejecutar con éxito. Además de las flechas especiales, Lara puede fabricar cócteles molotovs, granadas de metralla y bombas de humo, lo que permite encarar los combates con estrategias diferentes.

El aspecto técnico es sin lugar a dudas, uno de los mayores atractivos de Rise of The Tomb Raider. Crystal Dynamics ha tirado la casa por la ventana no escatimando en detalles, obteniendo como resultado un juego deslumbrante en lo visual, con escenarios plagados de detalles y técnicas de iluminación que acompañan el tono cinematográfico. Tampoco faltan aquellos momentos en los que el juego se hace con el control de la cámara para mostrarnos algún escenario impactante o evento relevante. Todo se mueve a una resolución de 1080p con una tasa de frames por segundo muy estable.

La protagonista, por su parte, también ha recibido un lavado de cara, con nuevas y fluidas animaciones que transmiten mucha información tanto del personaje como del contexto, como por ejemplo que Lara se frote las manos frente al fuego o se recoge el pelo cuando sale del agua. Las sesiones de captura de movimiento han valido la pena, ya que nos encontramos con unos personajes con una expresividad perfecta. No podemos abandonar el aspecto técnico sin hablar del apartado sonoro, formado por una banda sonora épica y emotiva además de un doblaje excelente, tanto en versión original como en castellano.

La campaña nos ha llevado completarla más de 12 horas que por supuesto puede duplicarse para los que deseen completar todo al 100%. Para los que busquen algo más competitivo quedará el Modo Expedición, que reemplaza el multijugador de su predecesor y permite rejugar capítulos con objetivos adicionales, por tiempo o en la búsqueda de la mayor puntuación.

En definitiva, Rise of the Tomb Raider ha mejorado aspectos que ya veíamos en la primera entrega, como los combates o el sigilo, además de incluir importantes novedades y un apartado gráfico y técnico abrumador. Sin lugar a dudar, uno de los mejores títulos de aventura, exploración y acción del año, una pequeña obra maestra que no podéis dejar pasar.

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